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Especiales animalitos

Sean del tipo can, felinos, roedores o criaturitas del agua. Todas saben darnos cariño, según lo que nosotros mismos le otorguemos.
Siempre quise un perro, desde muy chica, nunca me importó el tamaño, sea o no de raza, lindo o feo, quería uno. Esta es una de las cosas que supe “aprovechar” de la enfermedad. Era mediado del año 2003, y en mi ausencia, mi familia vio un programa de televisión, en donde recomendaban, fervientemente, tener una mascota, cuando se padece una enfermedad. Las razones eran varias, y todas positivas.
Tratando de sorprenderme, mi mamá, mis hermanas y mi novio (actual marido), consideraron cumplir mi sueño de tener un perro, y hacerlo realidad.
Así, en agosto de ese año, bajo un engaño de mi hermana, la cual gritaba como loca: “MIRA LO QUE ESTAN PASANDO EN LA TELE!!! VENI!! APURATE!!”, pequeño detalle, me estaba bañando…hice caso omiso a sus alaridos, pero después de unas llamadas insistentes, a las apuradas, apenas envuelta en la toalla, logró que deje la ducha.

Me dirigí al living y allí estaba, quien hoy es MI ROMEO, chiquito, blanco, con una mirada especial, con un gran moño rojo en su cuello. Mi novio, lo sostenía lagrimeando de emoción, mi mamá por detrás me sostenía temiendo que caiga al suelo de emoción.
Si de felicidad hablamos, ese momento, es uno de los más felices en mi vida… hoy, 8 años después, mi caniche toy blanco, mi Romeo, como lo bauticé (soy Julieta y él debía ser mi Romeo), mi chiquito, mi blanquito saltarín, mi felicidad en tamaño Small, aprendimos a amarnos, cuidarnos, atendernos y mimarnos.
Sabe perfectamente que NO soy la que lo alza; ni la que lo corre; ni la que lo saca a pasear sola. Sabe que en el suelo, no juego. Sabe que a la cama, no puedo subirlo. Sabe que cuando una silla de ruedas aparece, algo no está bien. Cuando duermo, no se ladra. Sabe que si quiere jugar brusco, no es conmigo; pero SI diferencia, y muy claramente, que juntos en la cama, nos damos los mimos más lindos del mundo… que si de entender su idioma se trata, soy especialista… que si quiere jugar con su pelota de trapo, me la trae… que cuando cocino, recibe regalitos… que de abrir puertas para salir al jardín, me llama al lado de la puerta con un pequeño ladrido, o con su patita golpea la ventana… que cuando lloro, él es el único que me saca una sonrisa…que si de tristeza se trata, sabe cómo mimarme…que si los médicos vienen a verme, sabe que su lugar es al lado mío, sin molestar, solo se sienta, mira y me cuida… sabe que nuestro medio de comunicación no es siempre la voz, sino la mirada y los gestos… sabe que con cualquier cosa se puede jugar, nunca con el frasco de Mestinón… sabe que cuando llega mi marido a casa, él deja de ser el guardián del hogar… sabe que cada vez que vuelve de su paseo sin mí, se acerca a mi cuarto, asoma la cabeza, y así verifica que estoy bien… sabe que después de un golpe, un susto o un gran reto, soy quien lo acaricia… festeja alocadamente, cuando con mi marido, lo sacamos a pasear…salta como un cabrito cuando salgo al jardín junto a él… sabe que es “el pequeñín” de la casa, lo cual genera CELOS notorios cuando llegan mis sobrinas… antes de subir al sillón, me mira pidiéndome permiso, golpeo dos veces en el almohadón y sube… de vez en cuando, aburrido, trepa en silencio y a velocidad luz, sobre una silla… como pequeño guardián que es, lo demuestra cada vez que me ducho, espera apoyado sobre la puerta del baño… cuando nota que hace mucho que estoy en la notebook, no pide permiso y apoya su cabeza en el tablero … sabe que si debo dejarlo solo, me siento culpable… sabe que estando internada por tiempo prolongado, o en terapia intensiva, lo extrañé, demasiado; necesité de sus besos húmedos; extrañé sus ladridos; necesité acariciarlo… y lo que más sabe es que, si se apoya en mi regazo, recibirá los mimos más dulces que quiera tener…
No es un hijo, no me habla, no me pide que le compre nada, no me pide explicaciones, tampoco me las da.

Pero estoy segura (muy segura), que mi vida sin ese especial animalito blanco, que no pesa más de 4kg., que sin sus ladridos efusivos, que sin su nariz humedecida en mi cara, que sin sus corridas alocadas en busca de un juguete, que sin sus ojitos color almendra, que simplemente Romeo sin Julieta, sería demasiado aburrida…

M. Julieta Grande
mjuligrande@hotmail.com




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